lunes, 27 de febrero de 2017

Cuento de carnaval

EL PEQUEÑO DAVID

David, un niño de 10 años, bajito y pelirrojo, vivía con sus padres y su hermana en una casa de un pequeño pueblo llamado Dannte.

David no tenía muchos amigos en clase, le llamaban rarito y en el recreo no podía jugar con ellos, ya que jugaban al fútbol y a David nunca se le dio bien manejar el balón con los pies mientras corría. Él intentaba integrarse con ellos, pero los demás no le dejaban.                        
Un día llegó a su casa llorando y su padre le preguntó, qué le pasaba. David, con los ojos llorosos, le dijo que en el colegio se metían con él porque no era una persona guay, era rarito por tener el pelo rojo y por eso las niñas se reían, porque no se iba a poder vestir nunca de rosa ya que con el rojo no combinaba bien.

Todos los años, por carnaval, el colegio de David, “Mira el Valle”, celebra una fiesta en la que profesores, padres e hijos se disfrazan y disfrutan de la paella que hacen entre todos para comer. Por la tarde, los niños pequeños juegan con los castillos hinchables que pone el colegio en el patio, para que puedan correr, saltar y divertirse. Además de los bailes que los niños pequeños preparan para que sus padres puedan verlos. Al finalizar el día, los profesores entregan los premios de todos los concursos que se han realizado, como el del mejor traje o la mejor actuación.                                         
La abuela de David le hizo un traje de payaso para que se presentara al concurso del mejor disfraz, pues pensó que sería gracioso hacérselo de payaso y así no se tenía que poner una peluca de algún color, ya que era pelirrojo. A David no le hizo mucha gracia disfrazarse de eso, creía que sus compañeros de clase no le iban a hacer caso por disfrazarse de payaso ya que no iba a ser un disfraz guay. Pero Miguel, su padre, le dijo algo al oído de su abuela para que hiciera una cosa especial en el traje. David estaba intrigado por saberlo pero su padre no se lo contó, solo le dijo, - Hijo confía en mí, espérate hasta la fiesta del sábado para comprobarlo, no te preocupes por el traje que todos tus compañeros de clase verán lo chulo que es.

Llegó el día de carnaval y David estaba ansioso por ver el gran disfraz que su abuela le había hecho. Sus padres se disfrazaron de domadores de animales, ya que junto con su hijo querían representar a un circo. Cuando David se probó el disfraz, entristeció, era un payaso gordito con pocos colores y llevaba una careta con una carita triste. El pobre muchacho no quería ir a la fiesta del colegio con ese disfraz, pero el padre le dijo que recordara sus palabras y que cuando él le dijera, tirara de la cuerda que tenía a su izquierda.

Tal y como su padre le dijo, David confió en él, y decidió irse con ellos al colegio a disfrutar de un maravilloso día. Nada más llegar vio que todos sus compañeros de clase tenían unos disfraces chulísimos y pensó que nunca llegaría a ganar con el suyo. David se acercó a ellos, pero los demás se apartaron de él y se fueron a otro lado gritándole payasito pelirrojo.

Cuando empezó el concurso para el premio del mejor disfraz, Miguel buscó a David para que subiera al escenario y enseñara a todo el mundo el disfraz que le había hecho su abuela. David subió tímidamente al escenario y solo sabía escuchar risas de sus compañeros de clase. Cuál fue su sorpresa que al tirar de la cuerda que tenía en el lado izquierdo, el disfraz cambió completamente y todo el mundo se quedó boquiabierto. Se había convertido en un payaso multicolor, los vuelos del traje desaparecieron y estaba más delgado, la careta se cambió a una cara feliz y el traje estaba lleno de cosas graciosas por todos lados con un montón de colores. Todo el mundo aplaudió su disfraz, incluso sus compañeros de clase se acercaron a verlo y a decirle que era el mejor disfraz que habían visto. David estaba muy feliz porque sus compañeros le dijeron que si les acompañaba a jugar con ellos en el castillo.

Al finalizar el día, hicieron la entrega de premios y casualmente el mejor disfraz había sido el de David. Subió al escenario a recoger el premio y le dio las gracias a su abuela y a su padre por ese día tan maravilloso que había tenido, gracias a su traje mágico como él lo llamaba.

Desde entonces, en el colegio, David se empezó a juntar con sus compañeros de clase, aprendió que, aunque no se le diera bien correr mientras le daba al balón, era un buen portero. Poco a poco David se fue integrando más con sus compañeros, ya que éstos le avisaban para hacer cosas juntos. Desde el día de carnaval, el pequeño David cambió, era una persona más alegre y menos tímida y por supuesto, le encantaba ser pelirrojo. 


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                                                                                         Fuente:pixabay


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